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Cuidado!!! Traviesas sacudiendo telarañas! :3Cuidado!!! Traviesas sacudiendo telarañas! :3
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Autor Tema: EL AMOR DE LA ROSA ETERNA CAPITULO 1  (Leído 2228 veces) Bookmark and Share
Astareth
Candy peque
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: sep, 2009


« : Septiembre 29, 2009, 07:07:27 »





Cartas y secretos

    Habían pasado algunos días de aquella reunión en el hogar de ponny, Albert había acordado con Candy que ella permanecería en el hogar, mientras el solucionaba las cosas que la agradable Sra. Legan había hecho en la ausencia de este, el tenia más poder social que  cualquier miembro de la familia.

    Los rayos del sol apenas se asomaban por las montañas que rodeaban el hogar de ponny, cuando Candy despertó con los ojos llorosos, si de nuevo lloraba por Terry, no lograba olvidarlo, no se hacía a la idea de no estar juntos, varios meses habían pasado, pero aun dolían las heridas, se levanto rápidamente y se fue a duchar para despejar la mente de aquellos dolorosos recuerdos que cada noche se hacía presentes.

    Después de arreglarse se dirigió al pequeño cuarto que ocupaba la srita ponny de oficina, estaba a punto de tocar la puerta, cuando escucho como discutían la srita ponny y la hermana María.

Srita ponny- no estoy de acuerdo, creo que deberíamos decirle.

Hermana María- bien sabe que a mí no me gusta mentir, pero la veo tan triste que prefiero que no  se entere, no debemos agobiarla más, suficiente tiene con todo lo que le ha pasado.

    Candy sabía que hablaban de ella, pero que era lo que no debían decirle, algo sucedía y no querían que ella se enterara.

Hermana María- es mejor así srita ponny- decía mientras guardaba una carta en un libro- alguien llamo a la puerta.

Candy-buenos días srita ponny, Hermana María- decía con una sonrisa llena de curiosidad.

Hermana María- Candy que haces tan temprano levantada- dijo con sorpresa.

Candy- es que quiero hacerles unos panecillos a los niños  para el desayuno-dijo menos animada, bueno a quien le gustaría que le guarden un secreto y mas tratándose de ellas que eran como su madre-.

Srita ponny- tu siempre pensando en los demás, está bien yo te ayudare-dijo y se la llevo de la mano a la cocina.

     Mientras preparaban el desayuno, Candy se moría de ganas de preguntarle a la srita ponny de que hablaban ella y la hermana, estaba ansiosa, se tenía que m los labios para no cuestionar nada de lo que había oído en la oficina, es mi imaginación, se repetía a sí misma una y otra vez, alguien interrumpió sus pensamientos.

Hermana María-Candy ve a llamar a los niños, que se laven la cara y manos, yo pondré la mesa.

      Candy pensó en quedarse a escuchar lo que platicarían en cuanto ella saliera de ahí, pero no era algo que le habían enseñado esas dos personas que ahora le guardaban un secreto. Se dirigió al cuarto de los niños, otra vez estaba a punto de tocar cuando los escucho.

John –si hoy Tom vendrá por nosotros para llevarnos al pueblo a comprar ropa nueva.

Luisa-Yupi, yo quiero un vestido rojo como el de Candy, para verme igual de linda que ella- Candy sonrío y acaricio su vestido.

Mark-te harían falta las pecas para verte como ella.

Luisa- ¿ella ira con nosotros?

John- no lo creo, la hermana María no quiere que sepa lo de la donación, lo sé porque se lo decía a la srita ponny cuando las escuche platicar.

Cáterin- escuchar detrás de las puertas no es buena educación, eso siempre lo dice la srita ponny.

John-pues sí, pero yo las escuche sin querer y espero que no vayas de chismosa con ella.


    Una donación, eso era lo que le ocultaban, pero ¿Por qué? , se preguntaba Candy con la cara desconcertada, en que le afectaba a ella. Con un grito interrumpió a los niños.

Candy-está listo el desayuno, lávense la cara y las manos- dijo con gran furia y azotó la puerta, estaba realmente enojada, no podía creer que le ocultaran algo,
una donación, no era nada malo pensaba Candy. Los niños se quedaron con los ojos bien abiertos, hacia mucho que no la veían tan molesta.

    En el desayuno reinaba un gran silencio, no había risas, platicas, nada, era peor, solo había tensión, dudas y enojo, bueno al menos de una persona. Candy estaba dispuesta a romper ese silencio, cuando hablo la Hermana María.

Hermana María-Candy.

Si –respondió ella en tono agrio.

Hermana María-hoy vendrá Tom y llevara a los niños al pueblo a comprar ropa nueva quisiera pedirte….

     Candy sabía  lo que le pediría, que fuera con Tom al pueblo, si claro, necesitaba deshacerse de ella, para seguir con el plan de los secretos, que otro remedio pensaba Candy, pero lo que dijo la hermana le sorprendió

Hermana María- quisiera que te quedaras con la srita ponny, pues yo iré con Tom, hay que limpiar la oficina y no me gustaría dejarla sola.

Candy- si no se preocupe yo la ayudare-dijo mientras pensaba que esa era la oportunidad que estaba esperando para cuestionar a la srita ponny.


     Durante el resto del  desayuno, nadie volvió a hablar, los niños se fueron a arreglar y lavar los dientes, para cuando terminaron Tom ya los esperaba. Subieron con júbilo a la carreta, Cáterin se tropezó al ir corriendo porque Mark le grito que la dejarían, Candy la levanto y le sacudió el vestido y la subió a la carreta, todos se marcharon felices, bueno casi todos, la Hermana no se veía muy contenta.

Candy- srita ponny – dijo cuando esta se introducía a la casa por la pequeña puerta de madera.

Srita ponny- si candy.

Candy- con qué dinero  compraran la ropa a los niños.

Srita ponny-Algunos hicieron unas donaciones

Candy- así y quien-la cuestiono-

Srita ponny- no lo sé, los cheques se los llevo la hermana María, ella recibió las cartas - En ese momento supo que la srita, no le diría más de lo que ella quería saber.


Candy- ¿Qué no sabe usted quien las hizo?-insistió

Srita ponny-no candy, las cartas las recibió la hermana, no venían a mi nombre si no al del hogar, no había problema si las abría la hermana.


   Eso era, por eso no la envío a ella al pueblo, los cheques tenían el nombre del donante y la hermana no quería que ella se enterara  quien era. Ahora Candy lo entendía todo, el problema no era la donación si no el donante, ¿Quién la hizo?, quien era ese ser misterioso y caritativo pensaba Candy. La srita ponny hablo.

Srita ponny – Candy, me ayudaras o permanecerás todo el día parada ahí.

   Candy  asintió con la cabeza, camino aprisa y entro a la casa, se dirigieron a la oficina en silencio, Candy pensaba, quien, quien es, recordó lo que la hermana había dicho, que si se enteraba ella sufriría más que ahora, Candy se detuvo, lo había resuelto, si quien más podría causarle tanto dolor,  Terry pensó, ahora le temblaban las piernas, no podía creerlo.

Srita ponny- te sientes bien Candy, estas pálida que te sucede-se veía angustiada-

Candy- eh, no nada, estoy bien- decía en voz baja.


    Ambas entraron a la oficina, todo transcurría en silencia, cuando Candy se asomo por la ventana, alguien se dirigía al hogar con paso lento, era un hombre con la cara tapizada de arrugas, el pelo pintado de blanco con algunas mechas oscuras.

Candy- srita ponny, alguien viene.

Srita ponny-es el sr smit que querrá iré a ver, sigue con esto quieres.

Candy-si no se preocupe, tome se el tiempo que quiera- tiempo eso era lo que necesitaba para buscar la carta de Terry, no era su costumbre pero se moría de curiosidad.

    En cuanto estuvo sola, corrió al escritorio y busco en los cajones, también en los documentos que ahí había y en algunos libros, pero no tuvo éxito, se sentó en
la silla que había frente el escritorio y puso su codos sobre este, se echó la cabeza en la manos con desesperación y cerró los ojos, al abrirlos solo vio un libro café con letras doradas, de pronto volteo la cara hacia el pequeño buro de madera que estaba limpiando, corrió hacia él y abrió el cajón de la parte superior, pero estaba vació, luego quiso abrir la puertita que estaba en la parte inferior del cajón pero tenía llave y le fue imposible, se levanto de repente y giro la cabeza, se golpeo con la orilla de una repisa en la cual había varios libros que se cayeron con el movimiento que produjo el golpe.


    Maldición, pensaba Candy sobándose la frente, como si no estuviera desordenado ya- miro a su alrededor-, ahora esto, se apresuro a levantar los libros, cuando de uno salió un sobre blanco, lo tomo entre sus manos y saco un papel, no podía creerlo, lo que tanto buscaba, ahí estaba, puso cara de sorpresa cuando comenzó a leerlo, sus grandes ojos verdes aumentaron su tamaño, se sentó en un silla que tenía a su lado, estaba realmente estupefacta.


    Afuera la srita ponny despedía al sr smit, que había llevado unos libros para los niños, la srita se apresuro a llegar a la oficina, cuando entro miro a Candy parada junto  la ventana, tenía un papel en sus manos.

Srita ponny-Candy-dijo sobresaltada- que has hecho.

Candy-Lo siento, no fue mi intensión-dijo con voz menos tensa, más bien con desilusión-lo siento- se disculpo nuevamente. Lo que pasa es que en la mañana la oí
a usted y a la hermana hablar de algo que no querían que supiera y estaba intrigada, la carta la encontré sin querer  y la leí.

Srita ponny-¿y qué piensas?-pregunto desconcertada.

Candy- qué más da, es lo menos que puede hacer- dijo con enfado.

Srita poony- Candy- dijo con asombro.

Candy-¿qué, acaso quiere que me ponga a llorar?

Srita ponny-No te importa su dolor-no era una pregunta sino una afirmación-.

Candy-acaso a él le importa el mío-su voz sonó más dura- además mucho de lo que he pasado es por su culpa, es lo menos que podía hacer, ah pero si pensaba que con esto iría corriendo a sus brazos se equivoca, ya no soy la chiquilla que conoció - La srita ponny tenía la boca abierta de la impresión, no podía articular palabra alguna.

Candy- ¿qué?, no lo iré a buscar y agradecerle esto, es un Idiota, mire que querer redimir sus culpas con una donación.

Srita ponny- cállate Candy, tú no eres así, el también sufre igual que tú.

Candy- no lo creo, él no sabe lo que es el sufrimiento, los sacrificios, el no sabe nada- decía con la voz apunto de quebrársele- pero Ne… - La srita ponny  la interrumpió antes de que terminara la frase.

Srita ponny- Creí que todavía querías a Terry.

    Terry había dicho la srita ponny, Candy se quedo inmóvil como una estatua, la carta se resbalo de sus manos y la srita la recogió, todo fue una confusión, Candy no hablaba de Terry sino de Neal y la srita se refería a Terry.


Candy-no lo entiendo.

Srita ponny- no puede ser, que hice.

Candy-que tiene que ver Terry en todo esto-dijo aun confundida.

Srita  ponny-Hace dos días llegaron unas cartas, de una se nos hizo conocida la dirección, pero la otra nos tomo por sorpresa, venia de Nueva York, supusimos que era de Terry, solo abrimos una, la de Neal Legan, no te quisimos decir nada porque pensamos que rechazarías la donación viniendo de Neal, además fue una cantidad muy fuerte y tu sabes que el hogar lo necesita. La otra pensábamos regresarla, pero en la madrugada no resistimos mas y la abrimos, te lo queríamos ocultar por tu bien, es muy dolorosa, no pudimos evitar llorar, si a nosotras nos afecto, que haría contigo, te destrozaría el alma, eso es a lo que se refería la Hermana María al decir que no te lo contáramos.

    Candy tenía los ojos inundados en lagrimas no sabía qué hacer o decir, la srita se dirigió al escritorio y del libro café con letras doradas saco un sobre, se acerco a Candy que seguía parada en el mismo lugar.

Srita ponny- Candy, es algo que no podemos ocultar, te dejo sola, tu eres fuerte y sabrás que hacer, dijo mientras ponía la carta en sus manos.


   La srita, salió del cuarto y cerró la puerta, Candy temblaba, hubiera preferido no averiguar nada, no se atrevía a abrir el sobre, se sentó en un silla y saco las hojas, respiro profundo y comenzó a leer.

Srita ponny, Hermana María:

    Me imagino que ya sabrán que Candy y yo terminamos, no es algo que deseáramos más bien parece obra cruel del destino, no sé cómo se encuentre ella, supongo que mejor que yo, es más fuerte que nadie, lo supe la vez que fui a Chicago y la vi de lejos trabajar en una clínica para pobres y desamparados, siempre riendo a pesar del dolor, por eso me enamore de ella, jamás se doblego ante la vida que le toco vivir, sin en cambio yo que hice, me rendí y deje el grupo, gaste todo el dinero que tenía en borracheras y el juego, me perdí por completo, es mas creo que aun no he encontrado el camino de regreso a la vida, soy un cobarde que no vale la pena, no sé cómo se pudo enamorar de mi.

    Creo que sería bueno decirle que me encuentro bien, que sigo vivo, aunque ahora fumo mas y duermo poco, pero lo que más me gustaría que supiera es que a
pesar de la distancia y el tiempo, la sigo amando como un idiota, a veces pienso que lo único que puedo hacer es amarla, aquí todo está como el día que se fue, aunque hay sol, el frio invierno se quedo en el corazón, me duelen hasta los huesos de pensar en ella, en la soledad de mi cuarto, en las noches de vela, cierro los ojos y la veo reír como siempre, me pregunto si será feliz, me carcome el corazón la sola idea de pensar en que haga su vida con otro, no, no quiero pensar eso, maldición, por que mejor no me muero de una vez, si la muerte seria menos angustiante en comparación con todo esto, saber que está aquí a solo unos kilómetros de distancia y no poder estar con ella, me arrepiento de haber venido a Nueva York y haberla dejado en Londres, al menos ahí sabia que algún día podríamos estar juntos, pero ahora no existen posibilidades, solo hay desesperación, si hago lo que deseaba y de que me sirve si estoy muerto en vida, no la quiero, a veces siento que la odio y su madre tan irritante, presionándome, no la soporto, sino se le hubiera ocurrido interponerse entre las luces y yo, no estuviera pasando esto, yo hubiera podido sobrevivir sin una pierna, sería menos doloroso, es más seria soportable, pero vivir sin ella, sin su risa, sus hermosos ojos verdes, su suave piel blanca, sus delicados labios con un beso robado, el aroma a flores de su pelo destellante como el sol, si ella era mi sol la luz que ilumino mi vida, es aquella noche de bruma en el barco, desde esa vez, creo que no había tenido noches tan largas y eternas como ahora, desde el día que se marcho, he intentado todo para no pensar, ni sentir, pero es inútil.

    No quiero que me olvide, no quiero que me deje de amar, nos prometimos ser felices, pero yo no puedo, ya me canse de luchar con esto que siento, quisiera gritar que la amo, si la amo y no me cansare de sentirlo, tengo la vida hecha pedazos, la he tratado de armar pero ella se quedo con la parte mas importante, mi corazón, mi amor, mis deseos, mis fuerzas, ella me enseño a ser generoso, a decir lo siento, a ayudar a los demás, a compartir, me enseño a vivir, pero jamás me dijo como debía de soportar estar sin ella, como seguir un camino sin luz, donde solo hay oscuridad y tinieblas, sin un fin, es como caminar en círculos una y otra vez, cada noche, cada sueño, cada suspiro, cada segundo eterno siento que me ahogo en aguas profundas y heladas, los fantasmas me torturan aun despierto.
    Perdón, no puedo más, no puedo seguir escribiendo, créanme, si no me sintiera tan solo y desesperado no lo hubiera hecho, por favor si la ven no le digan que escribí, no quiero hacerla sufrir más, otra cosa no tengo mucho dinero, pero les mando un cheque con una modesta cantidad espero le sirva al hogar, cuídenla y pídanle que sea feliz, se lo mereces más que nadie, ha sufrido y sacrificado tanto que es justo un poco de alegría y satisfacción en su vida, yo seguiré intentando vivir sin ella.


Terry.


    Ahora Candy lloraba desconsolada, le faltaba el aire, las hojas tenían unas pequeñas manchas secas, si seguramente Terry había llorado al escribir la carta, eran
sus lagrimas, que ahora se juntaban con las que caían de los ojos de Candy.

    Candy lloro por mucho tiempo, el sufría, no era feliz, quería ir a tomar el tren para ir con él, pero le había prometido a Susana no intervenir  más entre ella y Terry, salió corriendo y llorando de la oficina, las lagrimas le nublaban la vista, tanto que no se dio cuenta de que la Hermana y los niños estaban de regreso, la miraban confundidos, la Hermana, miro a la srita, esta asintió con la cabeza y se puso a llorar al igual que la hermana. Candy salió de la casa corriendo torpemente, se tropezó varias veces, se levanto y siguió corriendo, en un instinto se sujeto de un gran tronco y lo abrazo, su padre árbol, como si quisiera que él la cobijara y la consolara, Terry, Terry, se repetía sin cansancio, no supo cuanto tiempo estuvo abrazada a su padre, solo sintió un mareo y un golpe en la cabeza, fue lo último que sintió.

    La imagen de Terry se vino a su mente, lo vio vestido con su uniforme negro, como en el colegio, solo  que ahora estaba parado en un escenario, él  la miraba extendiéndole los brazos, estaba feliz, de pronto una pesadas luces se vinieron abajo, ella corrió para quitarlo, solo que en medio de ellos apareció una hermosa mujer de ojos azules y pelo rubio empujándolo hacia un abismo profundo y oscuro del cual él ya no podría salir, es mío, decía Susana ahora postrada en un silla de ruedas, él estaba junto a ella, con su rostro sin luz, sin vida y la miraba con doloroso amor interrumpido, le volvo a extender los brazos que ahora cargaban un pesada piedra que le destrozaba los mismos, Candy parpadeo y en ese momento la piedra se convirtió en un ser humano, pero igualmente de pesado y frio, Terry sostenía a Susana en brazos, pasaron junto ella, él mudo y medio muerto, ella al pasar junto a Candy le susurro algo al oído, es mío, le pese a quien le pese y soltó una risa burlona, Candy se quedo parada, sin voz, con lagrimas en el alma, el se alejo lentamente hasta que desaparecieron en la penumbra de la noche invernal de ese sueño, te lo quite, seguía diciendo una voz que también se alejaba lentamente





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viviana
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« Respuesta #1 : Octubre 02, 2009, 02:58:21 »

QUE MARAVILLA PODER VER AQUI TU HISTORIA ASTARETH.

DE LUJO  Cheesy
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Shenny
Candy en pañales.
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« Respuesta #2 : Octubre 02, 2009, 11:54:56 »

BELLISIMO ME ENCANTA ANDAR DE NUEVO POR ESTA HERMOSA CASITA Y MAS AUN ESTREMANDOLA BESOS MIS QUERIDAS AMIGAS...

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Magnolia
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"Los suspiros son aire y van al aire..."


« Respuesta #3 : Octubre 24, 2009, 03:32:55 »

Hola Astareth.. el inicio de tu historia me esta gustando bastante.. voy a seguir leyendo
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